miércoles, 24 de diciembre de 2014

Carta a ti.

Sí, exclusiva y únicamente a ti. ¿Quién más parará a leer esto? Seamos realistas. Tú. Nadie más. Y estoy más que orgulloso de que así sea. No quiero normales en esta entrada. Sí, ese tipo de gente que piensa que lo tiene todo controlado. Esa gente que te da pena, y a mí en ocasiones, envidia.
Sí, tú, escucha.
No pienses, escucha.
No chilles, llores, grites ni patalees. Solamente, escucha.
Escucha esa fructífera voz y déjala crecer. Deja que ponga huevos, que se reproduzca y eche raíces en ti, cuida esa voz, y sobretodo, escúchala.
Te llama.
Te absorve.
Te recuerda:
Carpe
La oyes? ¡Está ahí, dentro de ti! No hagas oídos sordos! Juega a ser infinito con la voz.
Ríe.
Juega.
Canta.
Disfruta.
Oyes esa brisa de viento libre? Ese niño alegre jugar? Oyes lo que dice el Sol con sus rayos?
Escucha! Escucha!
Diem.
Que nada ni nadie calle tu voz. Grítalo a los 4 vientos. ¡Ríete de tus desgracias! ¡Ríete con ellas! Solo son estupideces ínfimas que intentan callar tu voz. No les dejes. Y chilla bien fuerte!!!!

CARPE!! DIEM!!
Sueña,
ríe,
llora de alegría,
cántale a los 4 vientos tu canción,
báilale a los 5 viejos con pasión,
y que dure, 
crezca, 
y viva 
esa voz,
tu voz.


CAAAAAAAAAAAAAAAAARPEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE
DIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEM

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